Los Tóxicos y el Cerebro


Soy docente y aunque los problemas de aprendizaje son antiguos, nunca como hasta ahora, se habían visto en el aula tal cantidad de niños hiperactivos y con síndrome de déficit de atención. En realidad, este síndrome me parece más una justificación o una excusa ante algo que no podemos explicar y que nos sorprende mucho, porque no es posible que tantos niños sean hiperactivos. Tampoco es posible, que se use tanto la medicación en niños o adolescentes y tan alegremente. Aparte de todo ¿Qué nos está mostrando este dato?

El Dr. Russell Blaylock explicaba recientemente la relación entre alimentación y conducta, basándose en los datos recogidos, de experimentos realizados entre grupos de reclusos, que así lo evidenciaban. Nuestro funcionamiento cerebral  tiene que ver con las dietas inadecuadas y con la alta ingestión de tóxicos. Conducta, exceso de actividad, falta de atención, desinterés, problemas de comprensión, de creatividad... tienen que ver con lo que comemos y no olvidemos que comemos por todos nuestros sentidos. Pero mientras recopilaba información, he descubierto este artículo y me parece muy interesante ponerlo en el blog. Está escrito por Miguel Jara y debidamente documentado. Así que, pongamos nuestra vista en el tema de los tóxicos. Además podeis encontrar más información respecto a ellos en el artículo "Excitotoxinas" publicado en este blog.

Los tóxicos que ponen en peligro la inteligencia de las próximas generaciones.

Una de las claves para entender por qué hay una “epidemia” de lo que denominamos hiperactividad o Trastorno por déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) son los tóxicos cotidianos. En realidad, de casi todas las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer  el  Parkinson y de otras muchas.

Un buen trabajo de Iván Gil en El Confidencial, titulado “Pandemia silenciosa”: las 12 toxinas que acaban con tu cerebro, así lo documenta. Las últimas líneas de investigación se están centrando en las denominadas neurotoxinas: una serie de sustancias químicas, de origen animal, vegetal o de naturaleza inorgánica, capaces de alterar el funcionamiento del sistema nervioso.


Hay al menos una decena de sustancias responsables de la generalización de los problemas conductuales y cognitivos. Son insecticidas, disolventes y otras sustancias presentes en multitud de productos de uso cotidiano. ¿Sus nombres? raros para el común de los mortales pero conocidos de los especialistas desde hace ya muchos años:

“Metilmercurio, bifenilos policlorados, etanol, plomo, arsénico, tolueno, manganeso, fluoruro, clorpirifos, tetracloroetileno, difeniléteres polibromados y DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)”.

En las vacunas por ejemplo se encuentra etilmercurio como conservante. El plomo en las gasolinas, luego en el aire que respiramos.Los clorpirifos los están echando estos días en la vegetación de vuestras piscinas para que estén “limpias” de bichitos el próximo mes de junio que comienza la temporada de baño.

El informe en el que se basa la información de Gil es el titulado Neurobehavioural effects of developmental toxicity y publicado en The Lancet.

El periodista explica la “polémica”, más bien estrategia de confusión que llevan a cabo las compañías químico tóxicas para distraer a la población y continuar comercializando sus productos.


La idea de que la dosis hace el veneno, según reza la regla básica de la toxicología por la que la exposición en las cantidades legalmente permitidas es segura para la salud, cae por su propio peso; ¿qué sucede entonces con los casos de personas que padecen el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple (SQM)?

A estas se les desencadenan sus síntomas al contacto con dosis muy muy bajas de cualquier producto tóxico. Además, la constitución genética de las personas y por tanto su capacidad de desintoxicación del organismo es muy diferente, algo que no se tiene en cuenta al comprobar la “seguridad” de los citados productos (cuando se comprueba, claro).

El mayor peligro está durante el embarazo, aseguran los científicos que han publicado el informe. Comiendo productos orgánicos durante el embarazo puede reducirse la exposición del feto hasta en un 80%” (…)

Los niños de todo el mundo estarán expuestos a ellas mientras perjudican de manera silenciosa su inteligencia y alteran sus funciones cognitivas. “Una barrera para el éxito y los logros de toda una sociedad”.

Creo que esto nos ayuda a reflexionar sobre la necesidad de encaminarnos con urgencia a una sociedad ecológica. Además podemos entender mejor qué está ocurriendo con nuestra infancia, a la que se diagnostican cosas como hiperactividad cuando en muchos casos puede que lo que estén esos niños es intoxicados (de manera paradójica se suelen luego recetar medicamentos como metilfenidato que no son otra cosa que potentes tóxicos).

Si estamos intoxicados puede comprobarse con cierta facilidad (aunque los test no son baratos) y también con cierta eficacia pueden llevarse a cabo tratamientos de desintoxicación. Pero lo más importante es prevenir.

Miguel Jara


No son sólo los tóxicos. Todos los alimentos con alto índice glucémico, que generan en nuestro cuerpo lo que se ha dado en llamar “hipoglucemia secundaria”, afectan muy negativamente al funcionamiento del cerebro. Son las dietas insanas, el exceso de dulces, de alimentos preparados llenos de conservantes, de colorantes, de químicos en general, de metales pesados… El cerebro es el centro de mando y control del organismo y necesita energía limpia gestionada por un cuerpo libre de toxinas. Si deseamos estar sanos, algo a lo que tenemos pleno derecho, es importante tener un cerebro sano, pero aunque sabemos que el cerebro consume mucha de la energía de nuestros alimentos, no lo conectamos totalmente con el cuerpo. No caemos en la cuenta de que todo es lo mismo.

Limpiar nuestro cuerpo es trabajar la ecología de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y del cuerpo en sí.

Es trabajar la ecología del planeta.

Madres, padres, todos podemos abrirnos a la posibilidad de liberarnos de todos los tóxicos que tenemos en nuestro interior. Quizás así, en vez de tantos niños hiperactivos o con síndrome de déficit de atención, tendríamos niños felices que quieren aprender y conectar plenamente con la vida. Es una posibilidad muy importante, porque no nos engañemos, los niños llegan a la vida en cuerpos tóxicos y desde que nacen inician su vida tóxica.

Los problemas de salud llegan antes con cada generación.




Lucía Madrigal         



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